La Cobertura de Riesgos en la Empresa Chilena Actual, Un Desafío

Cobertura de riesgos

A medida que el proceso de Globalización se perfecciona, y las empresas chilenas se insertan en un mercado distinto, surgen desafíos importantes que atender. Se amplía la red de proveedores, clientes y competidores. Aumenta la complejidad y las exigencias. Ya no sólo se interactúa con empresas locales. Especial preocupación deben tener las empresas que poseen intereses a nivel internacional.
Surge en este contexto, la Gestión del Riesgo y su estrategia empresarial, que tiene como objetivo acometer acciones de cobertura que permitan disminuir o suprimir los riesgos a los que se enfrenta una empresa.
En la mayoría de las compañías esta acción de cobertura se acomete desde lo más alto de la compañía y tiene que ver con acciones corporativas. La tendencia, al parecer, va cambiando, radicándose en el área que identifica y gestiona los riesgos a los cuales se ve afectado. Dependerá del perfil de riesgo que la empresa determine y de la estrategia que defina para abordarlo.
El rendimiento de una acción de una empresa es una combinación lineal de los denominados factores de riesgo, -en general movimientos de la economía agregada: tasas de interés, tipos de cambios de moneda, precios del petróleo, cobre, etc.-, y del riesgo específico de la empresa. En general, el riesgo de factor es no diversificable, y se puede cubrir tomando posiciones contrarias en derivados financieros.
Sin embargo, el riesgo específico de la empresa es normalmente diversificable pero no permite tomar posiciones de cobertura mediante tales instrumentos. La forma de cubrirse de los riesgos específicos de la empresa es a través de contratos de seguros.
¿A qué riesgos se enfrenta una empresa inserta en el mercado internacional?
Principalmente las fuentes específicas de riesgo son de tipo de cambio y de tasas de interés. No obstante existen también exposiciones por variación de precios en las materias primas y riesgos de tipo político.
En lo relativo al riesgo de tipo de cambio transaccional, las empresas que compran o venden un producto a crédito cuyo precio se encuentra en moneda extranjera ven afectado el flujo de caja de la operación. Y la forma sencilla de cubrirse puede ser exigir el pago del producto en la moneda local o simplemente tomar un contrato forward al tipo de cambio prefijado con vencimiento en la fecha que se espera recibir el importe de la compra-venta. Esta cobertura resuelve la transacción de corto plazo.
Otra fuente de riesgo de tipo de cambio tiene que ver con las diferencias que experimentan las tasas de inflación de un país respecto del otro. Es necesario distinguir aquellas que afectan el tipo de cambio nominal de aquellas que afectan el tipo de cambio real. En general aquellas diferencias que afectan el tipo de cambio nominal no se deben considerar puesto que frente a diferenciales de inflación entre dos países se producen ajustes automáticos en el tipo de cambio que los rige, manteniendo invariable la situación.
Sin embargo nos podemos encontrar que diferencias en las tasas de inflación entre dos países sí produzcan efectos reales en los tipos de cambio afectando el flujo de caja de largo plazo.
Frente a este riesgo la empresa sí está expuesta. Y es difícil de cubrir, pues no se puede pronosticar el impacto que ello puede producir en los beneficios de las empresas. Normalmente se producen caídas en la demanda de bienes que obligan a reducir los precios de los productos ofertados.
Una segunda fuente específica de riesgo es el riesgo de tasa de interés. Normalmente este tipo de riesgo afecta la estructura de deuda de las empresas. Se pueden endeudar a tasas fijas o variables, en moneda local o extranjera, en el corto y largo plazo, y se traduce en el costo que debe incurrir para servir los intereses de la deuda contraída en el futuro. El enfoque de cobertura examina el costo de endeudarse como un sumando entre un interés de mercado y un diferencial de interés producido por la probabilidad de incobrabilidad, que es aportado por la calificación de la deuda de la empresa.
En ambos casos existe endeudamiento de corto y largo plazo.
En general, si el endeudamiento es de largo plazo y fijo, no se está expuesto a riesgos por tasas de interés. El problema surge cuando la deuda se toma a tasas variables en el corto y largo plazo.
Los instrumentos derivados (swaps de tasas de interés, futuros de tasas de interés) permiten a las empresas distinguir entre estos dos fuentes de riesgo: tasas de interés y calificación crediticia y por tanto definir la estrategia de cobertura más apropiada para su estructura de deuda.
Existen dos formas de examinar la exposición al riesgo de tasa de interés. Una de ellas es descomponer la tasa de interés en dos sumandos, uno correspondiente a una tasa de interés real y otra a la variación experimentada por la inflación esperada y examinar el comportamiento esperado de la inflación. Si la inflación es incierta no es recomendable endeudarse a tasas fijas en el largo plazo pues existe gran probabilidad de encarecer el costo del financiamiento. Del mismo modo para una empresa podría ser conveniente tener una estructura de pasivo a tasa variable si su estructura de costos y precios está indexada a la tasa global de la inflación.
La otra forma de examinar el riesgo de tasa de interés tiene que ver con realizar un análisis de la exposición del activo a las tasas de interés. Del mismo modo, examinar la exposición del pasivo y equilibrar la exposición de ambas cuentas.
Finalmente existe un último riesgo al que se pueden ver enfrentadas las empresas con intereses internacionales y es el riesgo político. Tal riesgo es la amenaza patente que un determinado gobierno en donde la empresa tenga intereses económicos cambie unilateralmente las reglas del juego.
Las coberturas posibles son variadas. Las más recomendables dicen relación con no concentrar totalmente los negocios en el país con riesgo político y hacerlos depender fuertemente de la matriz. Estructurar acuerdos de financiamiento garantizados contra riesgo político o conseguir la concurrencia de organismos mundiales de apoyo en el financiamiento compartido con el gobierno local.
Hay algunas consideraciones en las que deseo detenerme. Aparentemente, existirían motivaciones divergentes entre los distintos steakholders para tomar o desechar estrategias de cobertura de riesgos. Para los acreedores, que una empresa implemente estrategias de cobertura será siempre bien visto, pues asegura el retorno de sus colocaciones. Sin embargo para los accionistas habrá un incentivo perverso a no aceptar estrategias de cobertura. El capital propio de una empresa puede asemejarse a una opción de compra (CALL) sobre el valor de la empresa, por tanto una estrategia de cobertura tendiente a disminuir la volatilidad de las acciones disminuye el valor de dicha opción trasladando valor desde los accionistas hacia los acreedores.
¿Qué pasará con los empleados y clientes?
Para los empleados será más conveniente un empresa que gestione sus riegos a una que no lo haga, pues los activos de sus trabajadores son sus puestos de trabajo y su prestigio, situación que se desmedra si la empresa quiebra o desaparece. Desde esa misma perspectiva, los ejecutivos que busquen favorecer a sus trabajadores deberán implementar estrategias de cobertura y gestión del riesgo.
Para los clientes, una empresa sana y cumplidora es confiable. Por tanto preferirán a una que se cubra frente a la exposición a otra que no lo haga y que por tanto incumpla.
Bueno, hemos tratado sucintamente de mostrar la importancia de la gestión de Riesgo. No es presentable en el mundo empresarial actual perder dinero por no identificar adecuadamente los niveles de riesgo a los que se está expuesto y gestionarlos.